jueves, 22 de abril de 2010

La cajita.


Como cada día al despertar la pequeña princesa corría a la torre más alta. Cada peldaño que subía la acercaba mas a la libertad que tanto ansiaba. Pero mientras esa libertad llegaba, se conformaba con ver el bullicioso despertar de la ciudad.

Desde allí observaba cada carreta que se acercaba al castillo y conjeturaba hipótesis sobre las mercancías que ellas trasportaban, o los motivos que las atraía al castillo. Observaba atenta como los niños correteaban de allí para acá felices, persiguiendo perros o simplemente peleándose entre ellos. La pequeña princesa anhelaba abandonar esos muros y recorrer el mercado, inundado de mercaderes y exóticas baratijas, de artistas callejeros y trovadores, de vendedores de objetos mágicos y de animales increíblemente raros, de exóticas especias traídas desde el mismo corazón de oriente y un sinfín de cosas maravillosas por descubrir…un mundo en fin, maravilloso y desconocido para ella.

Aunque su vida en el castillo era fácil y relajada, ser la princesa la limitaba en exceso, su imposibilidad de abandonar el castillo hizo que se entregara a una de sus mayores aficiones la lectura. Eso la hacía volar a lugares maravillosos e exóticos, vivir miles de aventuras que se le antojaban hermosas, y disfrutar de amores imposibles en cientos de relatos románticos. Lo cual, provocaba que la pequeña princesa cada vez más se fuese haciendo una visión falsa de cómo era el mundo real.
Cuando la princesa por fin cumplió la mayoría de edad, su padre el rey, celebro la mayor fiesta que se hubiese conocido o celebrado jamás, miles de personas acudieron al evento. Todo el reino y parte de los demás acudieron a entregar un presente a la princesa, y en consecuencia agradar a su rey.

Cada cual, obsequio a la princesa con el objeto de más valor del que disponía. El carpintero trajo su mejor talla, el orfebre trajo su mejor joya, la tejedora su mejor alfombra, el panadero su mejor pan, y así uno a uno, cada pequeño ganadero, comerciante, agricultor, artista, tendero, trovador y un sinfín de personajes más pasaron ante la princesa.

Pero nada de lo recibido agrado a la princesa, y fue tal la tristeza que el rey vio en los ojos de su querida hija, que le pregunto a su hija:

- ¿Nada entre estos miles de regalo te ha agradado hija?

A lo que lo princesa le respondió:


-¡Padre!, todos estos objetos materiales, para mí no son importantes, yo anhelo conocer cómo viven los demás, saber que se siente al pasear por un mercado abarrotado de gente, quiero sentirme libre al menos una vez en la vida.

Para nada el rey, estaba conforme con la idea de su hija. El conocía como era la vida fuera de palacio… Pero como a cualquier padre, le partía el corazón ver a su hija anhelar tanto con tanta fuerza. Y acepto la petición de su hija, eso sí, con la condición de que se le permitiría solo por un día abandonar el castillo, e iría acompañada de dos soldado y su dama de compañía, aunque tuviesen que ir de incógnito.

Y por fin al día siguiente la princesa disfrazada de joven artesana, se encamino hacia el mercado. Sus ojos brillaban de emoción. El mercado acababa de despertar y la gente empezaba a comerciar con sus objetos. La princesa nada más llegar presencio como los alguaciles agarraban a un ladrón, y allí mismo fue ajusticiado. Por ser solo un niño, solo le dieron 20 latigazos. El joven cayo inerte al suelo, justo con el último latigazo. La princesa asustada se acerco al muchacho, los alguaciles que no la habían reconocido, la apartaron de un empujón y ella cayo de despalda al suelo embarrado. Cuando pregunto cuál había sido el delito, le contestaron que robar unas migajas de pan.
La princesa no entendía como se castigaba a alguien por cosa tan insignificante. Al acercarse a un puesto lleno de bellos objetos de plata y bronce, su dueño la aparto de un golpe y le increpo palabras que desconocía, solo llego a entender… “que si no tenía dinero se apartase cría apestosa…” La princesa corrió por una calle sollozante y se topo con varios mendigos que la acosaron pidiéndoles una limosna. Vio en su cara el horror y desesperación del hambre. Aturdida se refugió en una casa, al entrar el olor le provoco arcadas… se quedo horrorizada ante la imagen de personas mutiladas, heridas y sangrantes, los alaridos eran terribles… Su dama la recogió entre sus brazos y la acerco afuera ya protegida de los mendigos y del horror. Con lagrimas entre sus ojos pregunto que le había pasado a esas personas… su dama le conto como los soldados heridos y enfermos eran traídos aquí para sanarlos o morir, cuando caían heridos en la batalla.

Ella no entendía cómo era posible, que no conociera el horror de la guerra, ni el hambre, ni la enfermedad, durante horas recorrió acompañada de su dama no solo el mercado, sino la ciudad entera. Vio tanto mal, tanto horror, tanta injusticia, tanta miseria, tanta hambre que la vuelta al palacio se convirtió mas en un alivio… y no en un suplicio como ella temía.

Durante los siguientes días la princesa no salió de su alcoba, permaneció en ella llorando durante mucho tiempo…
El rey que ya había temido esta reacción visito a su hija y le obsequio con un regalo.
La princesa vio la cajita y le pregunto a su padre:

-¿Por que padre me traes este obsequio?

El rey le respondió:

-Aunque sea rey, no puedo cambiar la condición humana, el mundo es así y así será siempre. Podemos intentar cambiarlo o mejorarlo… pero el mal resurge en otro lugar siempre… abre esta caja siempre que estés triste y te protegerá de los horrores del mundo.

Y así fue como la princesa abrió la cajita por primera vez… y de ella una pequeña figurita surgió acompañada de una bonita música… Era la primera cajita de música de la historia.


FIN




Nota: Las cajas de música, siempre nos han atraído misteriosamente, todos nos hemos quedado embobados escuchando su música y viendo la muñequita bailar… durante largo rato sin saber que misterio lo provoca...

Yo no digo que esta historia sea real… solo digo que podría serlo…

-Esta historia está dedicada a mi amiga Tere por su afición a la lectura y a soñar, y ¡como no! porque es una de mis mejores lectoras, gracias por el apoyo-

martes, 20 de abril de 2010

Ella.


Ahora que ya no estás, es cuando más añoro, muchas de las cosas que más me gustaban de ti.
Mientras estuve contigo no supe valorar lo realmente valiosa, que era para mí tu presencia. Solo recordar rozar tu pelo cada noche en la cama, me hace entristecer. Ese pelo largo y suave que llenaba toda la cama con su volumen y sedosidad.

Cada vez que te acariciaba la piel con mis dedos, deseoso de cubrir cada milímetro cuadrado de tu piel, conocerla y descubrirla, conocer cada lunar. Una piel tan suave y tersa, que acariciarte durante horas, era para mí… mi mayor placer…

¡Oler!, me encantaba detectar ese precioso perfume, que dejabas en el aire mientras paseabas del baño al dormitorio. Ese aroma a flores, que tanto te gustaba usar… y que emborrachaba de una lujuriosa frescura.

Cada mañana se me hace un mundo, saber que no me darás ese beso como de costumbre, beso que me dabas antes de irte tan temprano a trabajar, y que tanto coraje me daba al principio, pues me despertabas. Y ver esa risa burlona mientras te ibas. Besos que luego buscaba incesantemente pero que no me sabían igual.

Abrazarte cuando paseábamos, sentir tu cuerpo junto al mío… sentir la abrumadora seguridad que da abrazar o ser abrazado por el ser amado. Agarrar tu mano una y otra vez para rememorar sin palabras que te amo.

Y como te encantaba acurrucarte, enroscada en una manta, mientras solo sacabas los pies para obligarme a darte un masaje, al cual si yo no respondía, te afanabas en darme pataditas, hasta cabrearme y obligarme a dejar mi lectura. Acariciar tus pies hasta que te dormías en la certeza de una relajada seguridad, me embargaba de placer.

Echo de menos saber que estas ahí, contigo nunca me sentí solo…ni contigo fui infeliz…

Desearte lo mejor del mundo… pues pronto espero sentir lo mismo por otra persona… y no te confundas más cariño… yo no pensaba que lo nuestro no funcionaba… solo lo pensantes tu.

jueves, 8 de abril de 2010

El amigo que ya no esta.


Cuando salí de la consulta, solo me limite a caminar hacia mi coche. El coche estaba aparcado muy cerca, y dentro de el, me esperaba impaciente Inma, mi pareja en aquel tiempo. Como de costumbre me senté y simplemente conduje hacia una cafetería cercana, donde tomábamos café. Durante el trayecto de varios minutos, ninguno de los dos hablábamos, simplemente me limitaba a pensar en lo que había dicho en la consulta.
Yo en ese momento no entendía o no comprendía porque no hablábamos en la consulta, de lo que yo quería. Mi psicólogo se limitaba a charlar de cosas que me se antojaban tonterías o estupideces... cosas que para nada tenían sentido para mi...que si el tiempo que hace hoy, que si me gustaba más la fotografía o la pintura, que como iban el trabajo, que si se vendía mas o menos, etc. Cosas que al principio tache de estupideces.
Acostumbrado a ver películas americanas donde un tipo sentado, escuchaba atentamente a su paciente tumbado en un diván... y los cuales establecían un vínculo personal de años, me aterraba al principio.
Pronto descubrí que para nada eso es real. En la primera sesión, simplemente aprendí a realizar unos ejercicios de respiración y a redactar un diario que entregaría cada semana. En el anotaría todo lo que me ocurriese diariamente. Ese día también descubrí que la habitación donde daríamos las sesiones era pequeña, una habitación adaptada en un piso unifamiliar de dos plantas, y donde solo se veían libros, ningún espacio libre dejaba ver de qué color era la pared. Y el espacio restante lo ocupaban dos sillones y una mesa entre ambos.

A la quinta sesión, entendí que nunca hablaríamos de lo que me había traído aquí. Nunca hablaríamos del suicidio de uno de mis mejores amigos, ni de los problemas y tristeza que eso provoco en mi, ni de la vergüenza que sufría antes mi pareja por tener que acudir a un psicólogo, ni de que perdiera la ilusión por muchas cosa....

Simplemente hablaríamos de mí, y solo de mí.

Mi psicólogo, era un hombre muy peculiar. Psicólogo de la Junta,alternaba su trabajo con sus consultas privadas en las tardes. Estaba especializado en integración social de chicos jóvenes con problemas. Extremadamente amable y risueño, infundía siempre tranquilidad y confianza, con cierto grado de minusvalía en las piernas, infundaba fuerza a quien lo viese, un hombre tan limitado y que había llegado a tan alto nivel de satisfacción personal como profesional. Posiblemente llegue a saber yo mas de el... que el de mi. A la séptima sesión, literalmente me despidió de su consulta. Recuerdo la ultima sesión muy bien. Casi protestaba porque me parecía que había pagado los 70 euros por sesión para nada, no hable nunca de nada, ni me mandaron ningún tratamiento, ni nada de nada... estaba frustrado. ¿Eso era todo?, ¿ya está? vengo aquí varias veces, te entrego un detallado diario, de mi vida intima y no hablamos de él, no hablo de mi amigo, no hablamos de nada... me sentía timado y estafado, pensaba que se burlaba de mi.El me dijo que no había nada que tratar, lo que me ocurría era lo más normal del mundo...un cuadro de ansiedad debido a la perdida traumática de un ser querido y acentuado por el estrés laboral, y sentimental.
¿Y que debía hacer?...
Me mostro mis diarios:
En cada uno marcado por mí y a petición suya, estaban subrayados de color amarillo, todo aquello, que era positivo en mi vida diaria... y marcado de rojo todo aquello que era negativo...
Cuando realmente lo pensé... no tenía motivos para estar triste... por cada cosa mala, tenia veinte positivas ... era feliz, pero simplemente no lo sabia... recordar era inevitable... y para nada, yo era el culpable... no debía castigarme por algo que ni era culpa mía, ni por algo que escapaba a mi control...
Así que simplemente me limite a creérmelo.

Durante estos diez años que sufro su perdida, no he dejado de acordarme de él, el eligió ese final, movido por sabe dios que motivos, pero al fin y al cabo, el lo eligió...

Yo me limito a recordar a mi amigo tal cual lo conocí, ese amigo con el que empecé junto a otros tantos buenos amigos mas, quince años antes, a salir y a disfrutar de la vida. Con ellos empecé a disfrutar de nuestra juventud, nuestros primeros conciertos, nuestras primeras acampadas, las primeras novias, las borracheras, los partidos de futbol cada domingo, los cines y todo lo que uno hace y disfruta con sus amigos de siempre durante quince años cada fin de semana. Cosas que no se pueden olvidar por mucho tiempo que pase...




Para Serafín...
Solo el olvido, es el final de una vida...
Y no la muerte...
Mientras un ser querido te recuerde...
Tú no desaparecerás...

domingo, 28 de marzo de 2010

África en mil palabras.



Acto I. La partida.

Aun no puedo creer que este aquí sentado. Sentado en un aeropuerto extraño para mí. En una ciudad que no es la mía. Y esperando a una persona, a la cual no conozco, para hacer un viaje a África de doce días. Un viaje al corazón de África. Un viaje a lo desconocido. Un viaje para ver, disfrutar, sentir y soñar con un mundo que se nos antoja aparte.
Si alguien me preguntase que hago aquí, no sabría qué contestarle.
Marta, la chica a la que espero, vendrá en apenas veinte minutos. No sé nada de ella, solo hemos intercambiado algunas conversaciones por el chat de facebook, y lo que se de ella, lo sé de visitar su perfil en facebook y de seguir su blog.
Todo empezó un día bromeando. Sin saber apenas como empezó muy bien la conversación, supongo que hablando del libro que leía sobre África “Ébano” y que ella misma me recomendó. Ella me comento la ilusión que le haría hacer un viaje a África. Enamorada de este continente, su ilusión es conocer en persona la vida y costumbre del pueblo masai, de visitar y recorrer parte del Serengueti. De documentar todo lo que sus sentidos percibiesen. Y como no, le dije que si alguna vez hacia el viaje, no la dejaría ir sola. Iría encantado con ella. Y al final, aquí estoy. No creáis que esto es normal en mí, para nada. Pero la idea de ir con Marta, me animo a vencer el miedo a viajar solo. Aun no sé cómo me atreví a aceptar. Al principio no me pareció mal, pero ahora me muevo inquieto en la silla. Los nervios están acabando conmigo. Llevo días sin pegar ojo, y la sudoración es incontrolable, mala señal para alguien que no suele sudar. Siempre pensé que no me atrevería a montar en avión, es más, renuncie a viajar muchas veces solo por el hecho, de que el avión era inevitable, y fijaros, ahora esto es lo de menos. Tengo tanto miedo a que hacer, que decir, como actuar cuando llegue Marta, que para nada me preocupa el avión, es mas deseo ya montarme en él, y lo más rápidamente posible.
Y que pensara. ¿Le caeré bien?, o por el contrario le produciré algún tipo de rechazo. El ser humano es a veces muy caprichoso en este sentido, sin ningún tipo de razón, vemos a alguien y simplemente no nos cae bien, no nos gusta... puede ser su pelo, su ropa, sus gestos, su voz, su olor...hay cientos de factores que pueden desencadenar estos sentimientos... y temo que Marta no se sienta a gusto en mi compañía y el viaje sea un fracaso, o simplemente no lleguemos ni hacerlo. Esto lleva atormentando desde que concerté las fechas del viaje.
Aunque en cierto modo, el viaje es lo menos importante para mí.
Desde que hable con Marta por primera vez, me encanto su personalidad, su intelecto, es una persona extremadamente compleja a la vez que sencilla, su cultura me sorprendió y su inteligencia. Para nada esa imagen de chiquilla alocada que quiere dar, representa a la Marta soñadora y escritora, a la chica que rebosa potencial para cada cosa que hace. No creí encontrar alguien tan afín, le gusta todo lo bueno de la vida, soñar, leer, escribir, la fotografía, el medio ambiente, la historia, las revistas de ciencia, de naturaleza, políticamente activa, critica con inteligencia cada injusticia que presencia, la música y mil cosas más.
Ella ha despertado en mi muchos intereses, intereses que yo tenía dormidos y que ella ha sabido despertar y alentar. Compartirnos tantas aficiones e ilusiones. Que no he podido resistirme a desear, tener el honor de que cuente conmigo para algún día, desarrollar alguna actividad juntos, y fijaros. De golpe un viaje a África. Un lugar tan desconocido para el mundo, como para nosotros el otro.
Ella siempre me recuerda que no tenga miedo a sufrir. Y para mi, sufrir no es lo que me da miedo... Para alguien como yo, trabajador de un comercio, por el cual pasan cientos de personas al día, decir que me siento solo...suele resultar extraño. La soledad para mi...no es que no haya nadie alrededor...para mí la soledad es que no haya nadie afín a tu alrededor... Puedes estar rodeado de mil personas y sentirte solo...y puedes estar solo con una persona y sentirte pleno.
Para mi Marta ha sido la oportunidad de sentirme bien, su amistad desinteresada, su amabilidad para enseñarme, su simpatía hacia mí, incluso cuando metía la pata... y simplemente la oportunidad que me brindo para conocerla, sin prejuicios, sin prejuzgar, eso me encanto... yo no soy demasiado complejo, cualquiera que le apetezca llegara a conocerme muy fácilmente, con Marta no tuve que inventar nada, ni ser quien no soy...simplemente me dejo ser como simplemente soy...una persona normal.
Y por eso la aprecio tanto.

Por eso cuando llegue, simplemente seré yo... torpe y simple, pero educado.
Olvidare los cientos de ensayos que llevo días preparando, las valoraciones sobre si darle la mano, un beso o simplemente un saludo, incluso me quitare esta chaqueta que me ahoga, y me pondré el polo que llevo en el bolsillo grande de la maleta preparado...
Simplemente me dejare llevar, disfrutare del viaje...seré yo

Marta tendrá su viaje...
Yo por fin no viajare solo...
Y ojala Marta me valore tanto como amigo, como yo la valoro tanto como amiga...

Así que solo esperare, con mi cámara y mi libreta, los cachivaches que compre durante años y que nunca utilice, como la brújula, los mapas y mi cantimplora. Revisare mi pasaporte y el billete, la red anti mosquitos, y la de Marta que seguro no lleva (por eso compre dos), los prismáticos, el nuevo zoom, el adaptador de corriente, las baterías, tengo tantas cosas mezcladas con la ropa y los bocatas de tortilla que mi madre preparo, jajaja que el tiempo pasa sin darme cuenta.


- ¿Antonio?

- ¡Martaaaaaaaaaa!

domingo, 21 de marzo de 2010

Antonio


Cuando esta historia empezó.... nadie podría imaginar como acabaría...


Nada mas amanecer el 4 de Mayo de aquel año, nació la persona de la que hablaremos...
Joven no demasiado hablador, y posiblemente mal estudiante, comenzó pronto a trabajar. Con solo 16 años, coincidió con el famoso camarón, en la zona portuaria de Cádiz, liando las cuerdas de los barcos, un trabajo duro y pesado que para aquellos jóvenes no suponía nada. Trabajo que alternaba con el de ayudante de fontanero. Profesión que luego desarrollaría durante casi toda su vida de una manera casi altruista hacia los demás. Y que le rentaban un sueldo, que para entonces, serian de algunas pesetas, pero que seguro ayudaban a las maltrechas economías de aquella época.
Cuando mi padre conoció a mi madre, las relaciones según mi madre, no eran como ahora las conocemos. Mi madre cuenta como se reía burlonamente de mi padre, pues apenas hablaba, se limitaba a recogerla, iban a comprar lo que en aquellos entonces era un cartucho de chucherías e iban al cine. Bueno mi madre dice que mi padre apenas hablaba jajaja y posiblemente me lo creo. Lo que sí está claro es que durante años fueron novios, y mi padre tuvo la suerte de entrar en los depósitos de tabacos, como mozo. Que le rentaba 100 ptas. diarias, que pagaban con unas monedas de plata que antes había, y que mi madre veía como la oportunidad de formalizar la relación. Y así lo hicieron, después de alquilar una habitación, era imposible mas, mis padres se casaron.
La casa era de dos plantas, arriba vivían los señoritos, y la parte baja, decidieron alquilar las habitaciones. Y ahí se instalaron tres familias. Una era la mía.
La precariedad de la habitación, obligo a mi padre a pedir permiso para reformarla. Y consiguió hacer tres partes de aquella gran habitación, una cocina pequeña, un dormitorio y un salón con un sofá, en el cual dormía mi pobre abuelo. Al principio no había baño.
Al poco de casarse, mi madre se quedo embarazada de mí. Y ya veis todo fue bien...(jejeje aunque yo a veces tengo dudas jajaja)...¡va es broma…!s
Mi padre junto al inquilino que daba contiguo a nosotros se las ingeniaron, para convertir la letrina comunitaria, robando espacio a cada uno, en dos baños medios decentes. Dotados de una mini bañera y un wc, y un lavabo. Todo un logro para nosotros...no tener que compartir nada.
Cuando yo tenía poco más de un año, nació mi hermano Francis, luego casi seguido mi hermana Inmaculada. Mi madre dormía con todos nosotros en la cama, algo que sería demasiado incomodo supongo. Pero, el pobre de mi abuelo murió cuando yo tendría pocos años, y mi padre volvió a partir en dos el salón. Y allí acomodo a mi hermano y a mi... así estuvimos varios años. Mi hermana Cristina, también vino al mundo. Y ya apenas cabíamos. Mi padre trabajaba en los depósitos de tabacos y por las tardes seguía aprendiendo el oficio de fontanero.
Y después de diez años allí. Mi madre se quedo embaraza de nuevo de mi hermano Juanma, eso obligo a preguntar por las posibilidades de encontrar un piso mejor... pero en Cádiz era imposible, y tuvimos la suerte de que la junta de Andalucía, nos cediera un piso en Puerto Real en régimen de alquiler, con derecho a compra.
Recuerdo muy bien cuando fuimos a verlo, aunque tendría pocos años. Lo recuerdo como si hubiese pasado ayer. Jajajaja estábamos muy nerviosos, gritábamos en el coche de camino a Puerto Real y mi madre preguntaba a mi padre como era la casa, mi padre solo decía ya lo veréis. Cuando llegamos había bloques de 8 vecinos por todos lados. Cuando mi padre dijo este es, corrimos hacia él. Subimos por las escaleras y cuando abrió las puertas, todos entramos de golpe. Sé que mi madre lloro, aunque en ese momento no lo supe. Cuando entramos había cocina, ¡ventanas! nunca había visto una ventana, la abrimos con cuidado y se veía todo... ¡qué alto! jajaja solo era un segundo pero para nosotros era como ver un valle desde una montaña... (Mientras escribo esto no puedo evitar emocionarme, aunque son lágrimas de felicidad). También había habitaciones con ventanas, una terraza, salón comedor, una despensa en un pasillo (que maravilla), mas ventanas... ¡más luz! ... jajaja y como no una bañera en la cual nos metimos todos y cabíamos jajaja.
Claro está, nada mas tranquilizarnos nos peleamos por donde dormiría cada uno, y después de casi pelearnos, mi madre decidió la habitación de los chicos, de las chicas y la del matrimonio.
Sabéis una cosa, la casa tenia enchufes e interruptores por todos lados. En Cádiz la luz venia por un cable colgado... qué horror.
En la plaza había columpios, era una plazoleta cerrada. Qué bonito nos parecía todo.
Aquí pasamos la vida de una manera bastante maravillosa, mi padre seguía trabajando en La Tabacalera fijo, y ya era conductor de servicios internos, buen puesto. Nosotros cada cual estudio lo que quiso y mi madre era feliz.
No sin esfuerzos, criar a cinco hijos con un sueldo, nos hizo valorar muy bien lo poco que teníamos.
Saltare ya hasta el final pues podría estar horas....
Cuando mi padre por fin ya se jubilo, y como ya, cada hijo estaba independizado, mis padres se compararon un campito, y ahí pasaron otros tantos años muy felices....
Pero la vida a veces no es tan justa como parece y como sabéis el maldito cáncer se llevo a mi padre... se llevo a una persona que trabajo toda su vida para el bien de su familia, que nunca fue un mal padre, ni un mal marido... tendría sus fallos como cualquiera, pues nadie es perfecto ...
Pero cometió un solo error en la vida, no cuidarse un poco mejor de lo que debía, el alcohol según los médicos es uno de los factores que provocaron sus problemas de hígado...

Yo no creo que nunca nadie pueda llegar a olvidar a un ser tan querido como a un padre o a una madre...

Yo me acuerdo de mi padre a cada cosa que hago, a cada problema que surge, cada vez que miro las noticias y el no está viéndolas conmigo, el estuvo siempre a nuestro lado....
Pronto hará tres años, que mi padre nos dejo. Cada día que pasa lo echamos en falta. Sus bromas y sus cosas.
Nunca creí que pudiese poner una foto suya. Pero quiero así darle un pequeño homenaje por haber criado a cinco hijos estupendos. El nos enseño mucho y siempre estaremos orgullosos de él. No puedo decir muchas más cosas pues la pena es aún muy fuerte.
La foto que he elegido es esta, por la sencilla razón de que esta como a él le gustaba, rodeado de familiares y amigos. Tengo miedo de que se pueda sentir solo, y esta imagen es como me gusta imaginarme que estará en el cielo, riendo y rodeado de amigos.



Un beso Papa te queremos mucho......









p.d. el que tiene la flor en la solapa es mi padre.

viernes, 19 de marzo de 2010

La pregunta.





La campana de la pequeña escuela. Replicaba una y otra vez, como cada mañana. Los pequeños alumnos, se apresuraban por llegar a tiempo a clase.
Nuestro joven, mordía un trozo de pan, mientras su madre le ajustaba la bufanda en el umbral de la casa, y casi, como por arte de magia, a la vez, lo abrigaba, lo besaba y le colgaba la cartera. Y todo, mientras Juan terminaba el desayuno. Mientras la madre lo veía marchar corriendo, ella esperaba el lugar en el que Juan, cada mañana se detenía.
Terminado su bocado, se giraba para despedir a su madre con un saludo y una sonrisa. Ella sonriente volvía a entrar.
La aldea, una pequeña e aislada población en lo alto de unas montañas, no ofrecía mejor pasatiempo que acudir a la escuela para aprender y para pasar las horas en compañía de los demás jóvenes.
Cuando Juan llego a la puerta de la escuela, la campana ya no sonaba, pero la joven profesora, esperaba a cada alumno de pie en la marquesina de la puerta y les invitaba a entrar con una sonrisa.
Juan escuchaba cada día las maravillosas historias que su profesora les narraba, sobre lugares increíbles, hechos grandiosos… de personajes tanto reales… como fantásticos, de seres mitológicos, y claro está, a leer y a escribir.
Y así llegar a poder vivir algún día, aventuras como las que ella nos relataba.
Juan empezó a darse cuenta de que había muchas cosas que no entendía, cada vez que miraba a su alrededor, nada delataba el hecho de que alguien más compartiera su preocupación.
Así que cada día se atormentaba más y más. Demasiado preocupado por parecer un tonto, u ofender a su profesora, o por simplemente no soportar las burlas de sus compañeros, prefería no preguntar. Y así cada día Juan veía a todos sus compañeros abandonar las clases satisfechos por haber comprendido todas y cada una de las palabras allí dichas. Y él, por el contrario, cada día se sentía más inferior.
Todo esto ocurrió, hasta que un día, justo cuando como cada día, la profesora al terminar la lección preguntaba si alguien tenía alguna duda… Juan levanto la mano.
La vergüenza y el miedo parecían oprimirlo tanto, que casi no pudo esbozar una palabra. Las risas y las miradas, aun empeoraron más la situación. Pero su profesora, lo tranquilizo y cuando Juan se dio cuenta, su profesora volvía a explicarlo de nuevo, y esta vez Juan, comprendió perfectamente lo que su profesora amablemente le volvió a explicar.
Cuando la clase termino, todos salieron a toda prisa. Juan un poco avergonzado y con la cabeza gacha, atravesó la puerta de la escuela.
Su profesora en un gesto de cariño, revolvió el pelo de Juan, que con una sonrisa abandono corriendo el lugar.


“Cada día, nos enfrentamos a situaciones parecidas. El ignorante es solo aquel que no quiere saber.....y no aquel que quiere saber...”



Nota: como veréis, estos cuentos son para mis sobrinos. Espero que algún día pronto, les pueda contar no solo este, sino los cientos de cuentos que ya tengo en mi cabeza para ellos… para Mario, que ya tiene dos meses y para el siguiente que será Hugo, que nacerá en agosto. Y elegí este en particular hoy, para Marta, que amablemente me enseña a dejar de ser un ignorante en muchas cosas, ¡¡¡gracias profe!!!
Y ya sé que es infantil y simple…jajajaja… son para enseñarles valores y cosas, y empezare muy joven a contarles cuentos, deben ser simples supongo…

jueves, 18 de marzo de 2010

La trinchera II


Hoy es el día, hoy es el día en que moriremos, hoy es el día en que por fin descansaremos de este horror.


Nada más abrir los ojos he visto el resplandor del sol. Los débiles rayos del amanecer me han hecho sentir algo maravilloso. Me han reconfortado como el abrazo de una madre a su hijo.
Nadie apenas, ha dormido, estamos agotados. Los rumores del inminente ataque nos han sumido en una noche de insomnio y miedo. El capitán empieza a vociferar. Jalea a los soldados para que se preparen.
Ha llegado el momento, ¡estoy listo!

Están repartiendo una especie de caldo muy caliente, con un trozo de pan y un trozo de tocino. Tenemos aproximadamente media hora para prepararnos.
Las órdenes son sencillas ¡¡¡avanzar, avanzar y avanzar!!!
He rezado varias oraciones, y me he asegurado de que mi carta sigue bien en su hueco. Alguien la encontrara algún día, y esta locura no será olvidada. Durante estos días, mientras montaba guardia, he estado observando el terreno. La única oportunidad que tengo es correr en zig zas, e intentar avanzar los aproximadamente 300 metros, a toda velocidad. Esquivare los cuerpos y defensas, y atravesare las alambradas por los lugares que estén destruidas. No he podido calcular cuánto tiempo tardare en recorrer esta distancia, pero si estoy casi seguro, de que las probabilidades son nulas de conseguirlo. Solo la posibilidad de ser superiores en número, podría decantar el éxito hacia nuestro bando.
El sargento pasa revista acompañado de un sacerdote que está pasando a toda prisa, dándonos la bendición.
Escucho el silbato, es la señal. Preparo mi fusil, me ajusto el cinto fuertemente a la cintura y monto la bayoneta. Las piernas me tiemblan y el sudor cae por mi frente, aunque estamos a 10 grados. Nos ponemos en línea junto a las escalas, por las cuales saldremos a cientos de las trincheras como ratones huyendo de un fuego.
Suena el segundo silbido. Los morteros empiezan a castigar al enemigo. Durante los próximos minutos caerán sobre el enemigo gran cantidad de proyectiles para confundir y favorecer el ataque. Las ametralladoras pesadas ajustan la munición y se preparan para hacer fuego de cobertura. Su misión es mantener al enemigo con la cabeza baja el mayor tiempo posible.
Caen los primeros proyectiles y el ruido ha provocado un sobresalto entre nosotros, parecemos caballos asustados. Miro a mí alrededor, y contemplo las caras de miedo, yo mismo estoy llorando.
Alguien vomita, y varios a su vez hacen lo mismo. Ahora me tiembla todo el cuerpo. Seco mis lágrimas y rezo por que mi muerte sea rápida. Para nada se me ocurre sobrevivir a esta matanza.
¡El tercer silbido!
Alguien grita, las ametralladoras hacen un ruido infernal, alguien nos empuja hacia delante. Todos gritamos.
Salgo disparado como un resorte de la trinchera, impulsado por los soldados encargados de asistir en la salida... ¡grito!
Corro e intento ir hacia la izquierda, somos tantos que tropiezo con alguien y caigo nada más salir. El ruido es tremendo. Tengo barro por todo el cuerpo y casi no puedo levantarme. Me arrastro unos metros y consigo levantarme. Alguien a varios metros detona una mina y salta en pedazos. Ahora la explosión me hace caer al suelo esta vez hacia la derecha. El ruido de la explosión me ha dejado un zumbido increíble en los oídos, ¡estoy aturdido!
Me levanto, las minas se detonan a cada paso y grito para no escuchar nada, las lagrimas y el barro no me deja apenas ver, tropiezo con una alambrada. Durante unos segundos me quedo enganchado, pero salto hacia atrás y se me desgarra la tela del uniforme. Avanzo hacia la izquierda y pasamos por un hueco de apenas un metro, muchos a empujones y otros medio arrastras, sigo corriendo entre explosiones. Cada pocos metros tropiezo con algo y caigo. Aun no he disparado, ¡no veo nada! Además el fusil esta embarrado, no podre usarlo, solo la bayoneta estará conmigo...
Me aproximo los últimos metros, corremos como demonios, gritamos y apuntamos el fusil hacia delante. Estamos en éxtasis, la adrenalina invade aun mas nuestras venas, el corazón funciona a mil por hora, el cerebro solo funciona en fase primitiva y gritando caigo sobre el enemigo...

Clavo la bayoneta aquí y allá, destrozo cada cuerpo que se pone por delante, nada me para. No tengo dolor, mi cuerpo a dejado de sentir, solo la sangre derramada parece darme consuelo. ¡Grito!, ¡gritan! no puedo parar, alguien me agarra del brazo, me vuelvo para atacar, y alguien me golpea con su fusil. Caigo al suelo con un dolor espantoso, lloro, los brazos me queman de dolor, lloro, se acabo, este es el fin.
La muerte por fin calmara mi dolor....

¡Walter! ¡Walter! alguien me grita, ¡se acabo!...
¡Despierta!, el enemigo ha huido, ¿están bien?
¡Walter!




Nota: Nada más terminar "la trinchera", ya tenía decidida, la segunda parte. Como es una de las que más polémica ha suscitado, debida al tema que trata, decidí estos días, publicar la segunda parte. He querido darle un final un poco más suave, pues la suerte del soldado Walter, no era el motivo de mi escrito. Espero que os haya gustado, y si os habéis puesto durante al menos un solo segundo, en el lugar de este soldado. Comprenderéis lo cruel e inútil que es la guerra.

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